En la mayoría de los casos, las técnicas de prevención y los medios empleados en el mar no son completamente efectivos, por lo que los hidrocarburos acaban alcanzando la costa.
Las labores de limpieza normalmente tienen lugar en dos fases: una fase inicial, en la que se recoge el grueso de los hidrocarburos vertidos y cuyo objetivo es recuperar la parte más accesible y móvil de la mancha, y una fase de restauración, que consiste en una limpieza más a fondo.
La recogida inicial pretende eliminar las acumulaciones de hidrocarburo de mayor volumen para reducir su impacto de los hidrocarburos y evitar que se extienda a otros puntos de la costa. La fase de restauración pretende ayudar a la naturaleza a recuperar sus características originales.
Algunas de las técnicas de limpieza producen un gran impacto sobre el medio ambiente. Por ejemplo, la restauración implica en ocasiones el uso de mangueras de agua fría/caliente a presión o la utilización de maquinaria pesada. Hay que tener en cuenta que algunos ambientes costeros son mucho más sensibles que otros: las marismas y llanuras mareales exigen más cuidado que las playas de arena. Por lo tanto es necesario establecer, tanto al principio como durante la puesta en marcha de todos los operativos, hasta qué punto se va a llevar a cabo la limpieza. Hay que considerar algunos parámetros:
Independientemente del lugar y de las labores que se lleven a cabo, hay que tener en cuenta algunos principios fundamentales: