Un barco que se hunde tras un encallamiento, una rotura, un abordaje o
cualquier otro accidente se lleva consigo una cantidad variable de hidrocarburos
de diversa naturaleza: fuel de propulsión, diesel para grupos electrógenos,
aceites mecánicos. Estos hidrocarburos son en general más ligeros que
el agua. Se mantienen a menudo fluidos o pastosos, incluso a gran profundidad.
Los fueles pesados y los aceites son poco o nada biodegradables. Se
verán abocados antes o después a escaparse del pecio, migrando hacia
la superficie de forma más o menos rápida a través de las fisuras ocurridas
en el naufragio o por las generadas durante el envejecimiento del pecio
con los años.
Las cantidades de hidrocarburos en juego pueden llegar a alcanzar varias
toneladas en el caso de los grandes buques porta containers. Cuando
se trata de petroleros, al combustible propio se añade la carga. Las
cantidades en juego pueden superar entonces un centenar de miles de
toneladas.
Cuando
el pecio se encuentra bien estabilizado, a una profundidad donde el
oleaje no se llega a sentir, los primeros rezumados relacionados con
el envejecimiento del pecio pueden no darse hasta entre treinta y cincuenta
años después del naufragio. Pueden manifestarse de forma lenta y aparecer
enmascarados por otros vertidos y en particular por el lavado de tanques.
Hasta los años 70, se consideraba que el vertido de hidrocarburos albergados
en un pecio era un fenómeno inevitable, fuera del control humano. Se
han dado incluso casos de bombardeo de un petrolero con fugas para hundirlo
(Torrey Canyon, 1967) y de dinamitado de los pecios para finalizar con
el vertido de la carga (Amoco Cadiz, 1978).
Las fugas procedentes de
pecios con varias decenas de años (en particular de los pecios de la
última guerra mundial), el aumento de las cantidades puestas en juego
durante los naufragios de los buques modernos y la concienciación con
el medio ambiente han conducido desde hace varias decenas de años a
considerar y llevar a cabo medidas de neutralización del riesgo de contaminación
por hidrocarburos.
Tanto si la contaminación se ha originado por fugas procedentes de un viejo
pecio, a veces olvidado, como si se produce por fugas de un pecio hundido
recientemente, el tratamiento del problema no es sencillo. No hay una
solución única, y todas las opciones contempladas son costosas. Raras
son las que no presentan un riesgo técnico, humano o medioambiental.
Los preliminares necesarios pueden tardar varios meses. Debe realizarse
de forma exhaustiva un examen del pecio, un análisis comparativo de
las diferentes medidas aplicables, una evaluación de las cantidades
en juego para poder cuantificar la operación, un cuaderno de cargas,
la movilización de los medios financieros y la integración de los imprevistos
a menudo considerables, la negociación del mercado, la movilización
de los medios técnicos pesados, todo ello en una época favorable. Este
proceso tardará inevitablemente varios meses, a veces incluso más de
un año. Durante este período de preparación, en espera de solucionar
el problema, deben tomarse otras soluciones, como los trabajos de colmatación
de las principales fuentes de liberación de hidrocarburos. En función
de la profundidad y del contexto, estas labores se llevarán a cabo por
buzos, por aparatos submarinos pilotados, por robots filoguiados (ROV
- Remotely operated vehicles) o combinando varias opciones.
El ejemplo más reciente de neutralización, realizado con éxito en el
pecio de un petrolero contaminante en potencia, fue el bombeo del fuel
del Erika, en el 2000, en la costa de Finisterre.
Los productos químicos flotantes o poco solubles, transportados en forma
líquida, presentan problemas similares.
El ejemplo más reciente de neutralización realizada con éxito en un
buque químico ha sido la del Ievoli Sun en el 2001 en las costas del
Cotentin.
Nuestro
documento de síntesis (en francès) "Neutralización
de los hidrocarburos y de los productos químicos contenidos en los pecios
sumergidos" se encuentra a disposición al hacer clic sobre el título.
Puesto al día el : 28/01/03